El verdadero reto del TELETRABAJO

En las últimas semanas nos hemos vistos abocados a desplazar millones de puestos de trabajo (puestos de actividad profesional) desde sus ubicaciones tradicionales hacia los domicilios de los empleados.

Con los lógicos inconvenientes de la puesta en marcha de soluciones no programadas, hemos comprobado que la tecnología funciona también para grandes volúmenes de usuarios. Incluso hemos democratizado el uso de aplicaciones y recursos que hasta la fecha formaban parte del conocimiento profesional de un colectivo limitado de personas. Digamos que hasta ahí, el sistema (la parte «Tele») está funcionando.

No debemos olvidar, sin embargo, que es la parte «Trabajo» la que produce bienes y servicios, la que posiciona y sostiene a las empresas y la que resalta la profesionalidad de las personas en su desempeño diario. Alrededor de esta parte hay un sinfín de factores que tendremos que adaptar. En unas ocasiones individuo por individuo, hogar por hogar. En otras desde los modelos de negocio y la estrategia.

Las políticas corporativas de prevención de riesgos laborales, sostenibilidad, ciberseguridad y protección de datos; los horarios, rutinas y buenas o malas prácticas profesionales de los empleados; la socialización de las plantillas y su sentido de pertenencia; y, en definitiva, la cultura de las organizaciones es lo que debemos (o no) sacar de los centros tradicionales de trabajo y meter en los domicilios de las personas de manera eficaz.

Así de ¿fácil?…

Cuando volvamos a la realidad, aprovechemos esta «macropiloto» para rediseñar unos modelos de desempeño digitales, eficientes, colaborativos, socialmente responsables y humanos. «Tele» o «no Tele». No hacerlo sería ignorar el mayor banco de experimentación/experiencias del que seguramente hayan dispuesto y dispondrán las empresas a lo largo de su historia.

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