Comunicare HUMANUM est

La tecnología ha puesto patas arriba el concepto de comunicación. Y lo que parecece más desesperante en el mundo de la empresa, ha atrapado su propósito en una maraña de canales que parecen un fin en sí mismos y no un medio para conectar a los emisores con los receptores de los mensajes.

Teniendo en cuenta que llevamos décadas utilizando el «simple» correo electrónico sin que nadie pueda apostar por su eficacia comunicativa, el intrincado mundo de herramientas colaborativas que nos empieza a rodear no augura grandes beneficios fuera de algunos reducidos grupos de colaboración, obligados a una disciplina metodológica más cerca del frikismo que de la productividad.

Cuando ponemos los canales (la tecnología) en el centro de la comunicación y nos olvidamos del propósito del mensaje – generar una emoción, un comportamiento o la mera ejecución de una tarea – el emisor hipertrofia su papel generando mensajes grandilocuentes y olvida el papel del receptor, relegado como mucho a espectador del acto de la comunicación. Y desgraciadamente debe de ser bastante frecuente cuando la tecnología (implantación de nuevas aplicaciones, formación en botones y pantallas, adquisición de dispositivos cada vez mas atractivos, …) está más presente que la cultura comunicativa (desde la ortografía hasta la eficacia, pasando por el respeto). Incluso cuando las respuestas de los receptores, explícitas o tácitas, nos orientan permanentemente sobre cuál es el camino.

Una comunicación completa conecta emocionalmente a los emisores con los receptores. La tecnología solo debe ser el canal, uno más.

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